Mauricio confundió su silencio con miedo. La levantó a jalones, le envolvió la mano quemada con un trapo seco y sonrió hacia sus padres como si acabara de educar a un perro.

La abrió de todos modos.

En la primera audiencia, Mauricio apareció con camisa planchada, el cabello perfecto y la misma mirada de siempre. La mirada del hombre que creía que el dinero podía traducir la violencia a “problemas de pareja”.

Su abogado intentó presentar a Valeria como inestable.

Dijo que ella tenía resentimiento.

Dijo que el matrimonio estaba en crisis.

Dijo que una quemadura podía ocurrir durante una discusión doméstica.

Entonces la fiscal reprodujo el video.

La sala se quedó muda.

La voz de Mauricio llenó el lugar, fría y clara. La risa de Teresa fue peor que un golpe. El sonido de Ernesto subiendo la televisión hizo que varias personas voltearan a verlo con repugnancia.

Cuando el juez dictó prisión preventiva justificada para Mauricio, él perdió la máscara.

Desde la mesa de la defensa, miró a Valeria y movió los labios sin emitir sonido.

“Te vas a arrepentir.”

Mariana lo vio.

Sonrió apenas.

Se levantó y entregó una memoria USB a la fiscal.

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