En la boda de mi hijo…

**La mesa de cumpleaños**
En mi sexagésimo quinto cumpleaños, me senté solo en una mesa de comedor preparada para nueve personas y observé cómo las velas se consumían en un pastel que nadie vino a comer.

La casa era demasiado silenciosa para un lugar de ese tamaño. El silencio en una casa pequeña puede resultar reconfortante, como una manta después de un día agotador. El silencio en una mansión destinada a una familia se siente casi como una acusación. Se acumula en los rincones. Presiona contra las ventanas. Hace que cualquier pequeño ruido suene más fuerte de lo que debería.

El reloj de pie del recibidor dio las ocho con una paciencia lenta y pesada que parecía dirigida a mí.

Volví a mirar la mesa.

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